Las lombrices son como los intestinos de la tierra. Así las llamó Charles Darwin, ya que gracias a sus observaciones, se pudo dar cuenta que había lombrices en todos los lugares que visitaba para hacer sus estudios. Encontró muchísimas especies diferentes, que básicamente se diferencian por: su color, rojas y grises; por su tamaño, entre 40 y 130 milimetros, y por su habitat, superficial o profundo.
Entre las lombrices rojas, y más pequeñas, se encuentran las Eisenia foetida (vulgarmente conocida por nosotros como lombriz roja californiana) que vive en la superficie de la tierra en los montones de materia orgánica, pero no en estado silvestre, pues requiere mucho alimento para su subsistencia. Y la Lombricus terrestris, más conocida por el mundo científico, ella mide entre 90 y 300 milimetros, se encuentra en jardines, pasturas y suelos cultivados. Son muy útiles para la agricultura, pues perforan profundamente el suelo, llegando hasta los 4,5 metros, ayudando a romper el subsuelo y a promover el intercambio de materia orgánica. Tienen un pequeño índice de reproducción y endencias migratorias. Viven de preferencia en regiones de temperaturas frías.
Y entre las grisaseas se encuentran las Allolobophora y las Octolasium. La Octolasium lacteum, es la revolvedora de tierra más activa.
Las lombrices "aran" la tierra desde tiempos inmemoriales, cuando dejaron de vivir en el agua. Pero, producto de su origen acuático, necesitan humedad y materia orgánica en el suelo. Si hay carencia de ambos, se dificulta su sobrevivencia.
No están sujetas a las influencias de las estaciones como otros animales, frente al invierno y al verano.
Existen lombrices en casi todos los ambientes terrestres y acuáticos. Han sido encontradas a 9000 mts de altura en el Monte Everest y a 5000 de profundidad en los océanos. Son seres lucífugos, es decir huyen de la luz.
Si los suelos son muy ácidos, no se encontrarán en demasiada profundidad, pero hay especies más resitentes a la acidez, que otras. De todas formas, todas tienen un punto óptimo para sobrevivir, que es entre ph 5,5 a 6,5 que también es el ph ideal de la mayoría de las plantas cultivadas.
Si no se ara la tierra, ni se le quita su materia orgánica, las hojas de los árboles, principalmente, las lombrices enriqueceran año tras año la tierra, renovando e incrementando la capa vegetal, que mantiene viva la tierra.
Para mayores referencias científicas, consulte el libro de Américo C. Meinicke "Las lombrices".
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